Los castores de San Francisco

Tomé aquel atajo mientras fue posible.
Cada día evité, por todos los medios, pasar por allí.
Pero sabía que este momento tarde o temprano llegaría.
Ellos esperaban verme atravesar su territorio,
apretando sus esponjas cargadas de jabón y ansiedad.

Y finalmente lo lograron.
Lograron interceptarme y salirse con la suya.
Juraron que algún día se cobrarían venganza
y lamentablemente cumplieron su palabra.
Ya estaba perdido, no tenia alternativa.

No tengo claro si fueron muy rápidos o muy inteligentes.
Pero estos afeminados dientudos de envidiable perseverancia
pudieron doblegar a un viejo siervo conservador.
Lo sé muy bien, jamás debí reírme de ellos.
Ahora son ellos los que se ríen de mí.

Pudieron lavarme el orgullo y desteñir mi dignidad.
Reemplazaron mi intenso hedor de siervo salvaje
por un repugnante aroma a pinito de automóvil.
Mi grueso pelaje ya no habla de mi,
ahora habla de Ricky Martin.

Prometí nunca más volver por estos lados.
Pero se que estarán ahí, agazapados pacientemente,
con sus esponjas cargadas de jabón y venganza.

Zalo

Técnica: Lápiz y tinta. Edición con CorelPhotoPaint.

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