Leonardo, el nombre del arte

Sección "Pequeños grandes genios" del Periódico Infantil El Pequeño Jerónimo
(Fragmento)
Texto: Alexis Oliva


No hay forma de pensar en el arte sin pensar en él. El nombre de Leonardo Da Vinci (Anchiano, Italia, 1452 – Castillo de Clos-Lucé, Francia, 1519) resuena poderoso en la historia de la humanidad como sinónimo de creación. Incluso, desde mucho antes que el libro y la película “El Código Da Vinci” actualizaran comercialmente su fama al agregarle la faceta de investigador esotérico, Leonardo ya gozaba la vida eterna con que sueña todo artista: la universal y perpetua admiración de su obra. (…)
El don de Leonardo y su curiosidad de investigador comenzaron a vislumbrarse desde muy pequeño y plasmarse en dibujos de animales mitológicos, como la medusa y los dragones pintados en un escudo que asustó a su padre, según relata el biógrafo Giorgio Vasari en su Vida de Leonardo. Lo que crearía a lo largo de su vida nos ayuda a imaginarlo como un niño en permanente estado de sorpresa, con un inmenso hambre de saber y curioso por comprender lo simple y lo complejo de la naturaleza. (…)

La belleza perece en la vida, pero es inmortal en el arte”. Nadie mejor que él para pronunciar esta sentencia, porque en Leonardo se conjugó una excepcional -quizás única- combinación de genio creativo y férrea voluntad al servicio de la belleza y el saber. Pero también fue el resultado de la curiosidad y el estudio, tempranas actitudes sin las cuales no hubiese sido posible su luminoso legado cultural.

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